Pides presupuesto a tres empresas y el precio va de trescientos euros a tres mil, todos para la misma web.
Pasa en casi todos los sectores. Pides presupuesto para la web a tres proveedores y te llegan tres números que no se parecen en nada. Uno te cobra trescientos euros, otro mil doscientos, otro tres mil. Y la tentación es pensar que alguien te está timando.
La realidad es más aburrida: cada presupuesto mete cosas distintas dentro de la misma palabra, "web". Uno te está vendiendo una plantilla con tu logo. Otro te está construyendo algo pensado para que funcione dentro de tres años.
Qué hay realmente detrás de una web
Cuando alguien te cobra por una web, en realidad te está cobrando por cuatro cosas distintas, aunque en el papel aparezcan como una sola. Y el precio de cada una varía muchísimo según quién la haga y cómo.
- Diseño: cómo se ve y cómo se organiza la información para que el cliente encuentre lo que busca.
- Contenido: los textos, las fotos, la ficha de producto. Alguien tiene que escribirlo, y no suele ser gratis.
- Desarrollo: la parte técnica que hace que todo funcione, cargue rápido y no se rompa en el móvil.
- Mantenimiento: actualizaciones, seguridad, cambios cuando algo deje de valer o abra una nueva línea de negocio.
El presupuesto de trescientos euros casi nunca incluye las cuatro partidas completas. Suele traer una plantilla ya hecha, sin escribir los textos ni pensar el contenido. Eso lo tienes que aportar tú, o pagarlo aparte.
Cómo leer un presupuesto sin que te la cuelen
Antes de comparar precios, hay que comparar qué incluye cada uno. La pregunta que más aclara las cosas es sencilla: ¿quién escribe los textos, quién sube las fotos y qué pasa si dentro de seis meses quiero cambiar un precio o añadir una página?
Muchos presupuestos bajos dejan fuera precisamente eso. Y aparece como extra en cuanto la web ya está a medias, cuando ya no puedes echarte atrás sin perder lo pagado. Ahí es donde el barato acaba costando más que el caro.
El coste real no es el de la factura de hoy
Una web no es un gasto de una vez. Es algo que hay que alojar, proteger y tocar de vez en cuando. Si nadie se ocupa del mantenimiento, la web funciona bien el primer año y luego empieza a fallar: se ve mal en el móvil, tarda en cargar, o directamente deja de estar segura.
Ese coste no aparece en el presupuesto inicial, pero existe igual. Y suele salir más caro arreglarlo después que haberlo previsto desde el principio.
Al final, la pregunta que importa no es cuánto cuesta la web, sino qué vas a tener dentro de tres años por ese precio. Una web pensada para durar cuesta más al inicio, pero no te obliga a rehacerla entera cuando el negocio crezca.
En Nebo Group te decimos qué pagas antes de empezar
Trabajamos con presupuestos donde diseño, contenido, desarrollo y mantenimiento van claros desde el primer día, sin extras que aparecen a mitad de proyecto. Así sabes exactamente qué estás comprando y qué necesitará tu web dentro de un tiempo.
Hablar con Nebo GroupUn presupuesto claro no es el más barato ni el más caro: es el que te dice, sin letra pequeña, qué estás pagando y para cuánto tiempo.